La banda invisible: La dictadura del proyecto personal
Hay un mito bastante romántico que la industria musical nos ha vendido: cuatro o cinco amigos se encierran en un garaje, conectan sus amplificadores y, gracias a una misteriosa conexión espiritual, conquistan el mundo con su música... para luego separarse por plata, abogados o porque alguno decidió morirse antes de tiempo. Suena bien (salvo por lo de la muerte trágica)... El problema es que, cuando dejamos atrás la adolescencia y conocemos la vida real, ese ecosistema idílico suele estrellarse contra agendas imposibles, presupuestos inexistentes, egos perfectamente afinados y expectativas económicas que rara vez apuntan hacia el mismo lugar. Durante años me he preguntado si insistir en trabajar principalmente solo —componer, producir y gestionar mi propia música— es una necedad o un simple capricho. Hoy, comenzando la segunda mitad de 2026, entiendo que no es terquedad (solamente). Es supervivencia artística. Y no lo digo desde el resentimiento hacia lo colectivo. Todo lo contrario. Cr...





